lunes, 29 de agosto de 2016

Punto de sal, Benidorm (Alicante)

Me habían hablado bien de este restaurante de reciente apertura, además tiene el sello de Tomás Arribas. Ahí fuimos.
Local agradable, decoración actual.
Estuvimos dentro, la terraza es apetecible para las noches. Si se llena intuyo que será demasiado incómodo.
Caminos de mesa y servilletas de tela, copas mejorables.
La carta es muy variada, se pueden encontrar los lugares comunes del momento y clásicos de la zona. En cuanto a vinos, carta corta e impersonal y precios elevados. Escogí un siempre fantástico Mestizaje blanco 2015 (El Terrerazo, Utiel) y un cumplidor Tarima Hill 2012 (D.O. Alicante).
Comimos:
-Ostras Gillardeau (muy buenas)
-Wao bao de panceta cantonesa (tímido aliño e incorrecto punto de cocción, necesita una revisión)
-Ese calamar en tempura fina, mojo de romescu (nada especial, soso, ración demasiado corta)
-Gamba mediana de Dénia en costra de sal (exquisitas, no muy grandes pero sí llenas de sabor, a 6 € la pieza)
-Solomillo de retinto a las brasas (espectacular carne, jugosa y sabrosa como pocas, también se sirvieron unas ricas patatas fritas)
-Cheesecake (correcto)
-Milhojas de vainilla (deslavazado, bien el milhojas y la crema)
Café sin interés y orujos cortesía de la casa para acabar.
El personal es demasiado irregular, por ahí mal...
Pagamos 51 €. Compartimos los platos referidos entre tres, el precio es excesivo.
Nubes y claros en un local que podría ser mucho más. Tienen producto y ganas, a veces hasta criterio, pero falta afinar cada una de las cosas.
Es un viento fresco en la gastronomía de la zona, sí, pero todavía falta que sople en la dirección adecuada.

miércoles, 24 de agosto de 2016

La falua, Benidorm (Alicante)

Benidorm es una ciudad peculiar y la gastronomía no parece una de sus virtudes.
Este parece un restaurante notable dentro de la oferta, veamos.
Sala pretendidamente noble y cómoda.
Mesas bien vestidas y copas mejorables.
La carta ofrece múltiples opciones, siendo pescados y arroces lo más llamativo, y sin descuidar ningún apartado. Lo habitual en estos sitios. Nos decantamos por el Menú arrocero, en el cual se nos permitió hacer algún cambio. En lo enológico aparecen bastantes referencias, algunas interesantes, a precios desorbitados. Escogí un muy fresco Al vent Sauvignon blanc 2015 (D.O. Utiel-Requena) y un buen Pasión de Bobal 2013 (D.O. Utiel-Requena).
Comimos:
-Pan con aceite, alioli y tomate (se cobra a 2,75, pésimo pan y poco mejor salsa)
-Ensaladilla rusa (seca y sin gracia)
-Carpaccio de gambas con tartar de ahumados y tomate raf (nada especial, no le encuentro sentido a la asociación)
-Buñuelos de bacalao (realmente agradables, buen entrante)
-Sepia del Mediterráneo al estilo de la Agüeli (rebozada y frita y con mayonesa, tosco pero sabroso)
-Arroz Señoret (contundente y muy correcto en cuanto a punto, pese a parecer desigual, lo mejor de la comida)
-Tiramisú (aceptable)
Un café de poco interés servido con galletas de mantequilla precedió a unos buenos orujos (cortesía de la casa) servidos con generosidad.
Servicio esmerado pero insuficiente.
Supongo que su habitual clientela aplaude esas presentaciones ochenteras y esa ausencia de finura en las preparaciones, mas yo no puedo hacerlo. Hay producto y, a veces, sabor, ¿por qué no una vuelta de tuerca?
Pese a todo sigue pareciendo de lo mejor de la zona, el arroz mejora la sensación final.

lunes, 22 de agosto de 2016

Gentil Hugel 2015

Un alsaciano:
-Gentil Hugel 2015 (Alsace A.O.C.), coupage de pinot blanc, sylvaner, pinot gris, gewurztraminer, muscat y riesling, parte del vino se cría en fudres.
Color amarillo pálido con destellos verdes y metálicos.
En nariz se muestra bien complejo y expresivo, aparece mucha fruta (melocotón, pera, lichi, lima...) y también flores blancas. Elegancia.
En boca es fresco y equilibrado, refrendando lo expuesto en nariz. Retrogusto medio y placentero.
Costó unos 10 €, me parece barato.
Un vino estupendo, de los que hablan de una zona y de un concepto, y de los que armonizan a la perfección con comida japonesa o thailandesa.
Probadlo.

jueves, 18 de agosto de 2016

Tondeluna, Logroño

Por fin iba a conocer Tondeluna, la apuesta más divertida de Francis Paniego, ¡qué ganas!
El local es tan curioso como bonito. Mesas largas que ocupan toda la estancia y se comparten, madera y colores. Un acierto.
Manteles individuales y servilletas de papel, que creo no adecuados, y buenas copas.
La carta ofrece propuestas variadas y actuales pero también recuerda a su autor. También hay menús. Cocina de mercado muy atractiva. En lo enológico se ciñe casi exclusivamente a su territorio y lo hace con gusto. Escogí un elegante Tobelos Blanco 2014 (D.O.Ca. Rioja).
Comimos:
-Mantequilla con sal Échiré (apabullante y efectiva pero se la llevaron demasiado pronto)
-Lechecillas de cordero, huevo a baja, papada y crema de patata (muy buen plato, conjunto armónico para una de las especialidades de la casa)
-Las croquetas que mi madre Marisa nos enseñó a hacer (fantásticas como todo el mundo sabe, sin duda entre las mejores probadas)
-Mejillones abiertos a la sartén con ajo, perejil y plancton marino (magnífico género y en el mejor caldo posible, increíbles)
-Chipirón levemente curado en sal y asado con crema de verduras (cuidada estética y algo menos de sabor del que esperaba, bueno pese a todo)
-Cocochas de merluza a la plancha sobre patata pil-pil y mahonesa de algas (otra preparación de altura, muy buenos punto y producto)
-Helado de mojito con ensalada de plátano y menta (el postre fresco ideal, mucho trabajo para que parezca sencillo, magnífico)
-Torrija tostada con helado de sombra de higuera y sopa de vainilla (otro imprescindible, un postre soberbio por las partes y el todo)
El café final es absolutamente glorioso.
El personal se mostró atento y capaz. Vi que el restaurante lleva a cabo integración de personas con discapacidad, cuestión que aplaudo. Un ejemplo a seguir.
Pagamos unos muy correctos 35 € por persona.
Uno de esos sitios a los que volver una y cien veces, de los que recuerdas con una sonrisa. Francis Paniego consigue aquí aunar calidad y frescura, lo que no es nada fácil.
Cierta vanguardia y buen gusto para mejorar la gastronomía de la ciudad.
¡Bravo!

martes, 16 de agosto de 2016

Un paseo rápido por La Laurel, Logroño

La calle del Laurel es uno de los iconos del tapeo, había que dar una vuelta.
Empezamos en Bar Soriano, uno de los más longevos, con sus champiñones con gamba a la plancha. Quizá la tapa más mítica de la calle. Sencilla pero muy efectiva.
En el Mesón del Abuelo hay que probar el pincho de sepia, otro gran clásico y siempre muy conseguido.
En La tavina probamos el crujiente de careta de cerdo. Bien curiosa y agradable.
Lo suyo hubiera sido vino de la zona pero ese día optamos por cañas.
Los precios son adecuados.
Hay mucho más, pero lo probado sirve como muestra. La zona no destaca por su gran calidad ni por su creatividad, pero ambiente e historia lo compensan.

jueves, 11 de agosto de 2016

Cañadío, Santander

Su sucursal madrileña me encanta y tenía ganas de conocer la casa madre.
Optamos por una cena informal en la zona de barra y mesas. Mucha gente para ser entre semana.
La barra es muy sugerente y además se ofrecen unas cuantas raciones de clásicos de la casa. Suficiente para nuestra idea.
Caminos de mesa de papel y las mejores servilletas desechables que recuerdo.
Bebimos cañas, bien tiradas, esta vez.
Llega lo sólido:
-Anchoas de Santoña 3/8 y pimientos del piquillo (producto de calidad, un placer)
-Rabas de Santander (cada vez que las pruebo me gustan más, ojalá las tuviera más cerca, maravillosas)
-Hamburguesa de bonito (como un tartar de bonito planchado con un aliño bastante acertado, la verdad)
De la barra escogí el pincho de pechuga de pollo y curry y el de bonito con anchoa, ambos a gran nivel.
El servicio se mostró atento.
Pagamos 17 € por persona, muy adecuado.
Pues lo esperado, una muy buena experiencia en un local que es una garantía. Paco Quirós lo hace bien y merece el éxito, sus equipos funcionan y su comida más.
Y yo me alegro.

lunes, 8 de agosto de 2016

Los piratas del Sablón, Llanes (Asturias)

A veces uno ha de salirse de su zona de confort, de los espacios que controla. Eso hice yo yendo a este vivero de marisco reconvertido en restaurante.
El local es modesto e incómodo y dispone de una terraza ganada a la roca. Comimos en ella y disfrutamos de la vista.
Mesas demasiado próximas entre sí (especialmente con vecinos maleducados), manteles de papel y pésimos útiles.
Obviamente aquí se come marisco cocido o a la plancha, aunque también la carta contiene arroces y otras preparaciones. Escogimos la Parrillada de marisco para cuatro personas (95 €, éramos tres) y se nos permitió algún pequeño cambio. Se puede observar cómo escogen el género de los viveros.
Bebimos la correcta sidra Trabanco, donde fueres...
Llega el festín:
-Percebes (de lo mejor que comimos, pequeños pero muy sabrosos)
-Almejas a la plancha (japónicas, bastante agradables)
-Navajas a la plancha (también pequeñas, buen punto, exquisitas)
-Nécoras (finas e intensas a la vez)
-Zamburiñas (realmente volandeiras, muy gustosas, quizá demasiado hechas)
-Bogavante (delicioso, como no puede ser de otra manera)
-Centollo (muy buenas las patas, algo menos el cuerpo)
-Buey de mar (demasiado tosco para mi gusto)
-Cabrales (nada especial)
Probé también el aceptable arroz con leche de mi acompañante.
El café, mejorable, cerró la comida.
El servicio fue lamentable, pero eso también era previsible.
Pagamos 36 € por persona, el precio es amable.
En fin, marisco de menor calibre o de calidad inferior pero en abundancia y sin dejarte la paga extraordinaria.
Le faltan tantas cosas que no sabría por donde empezar, pero el manejo de cocciones y plancha parece ajustado.
Cumple con lo prometido.

viernes, 5 de agosto de 2016

30.000 maravedíes 2014


Un madrileño:
-30.000 maravedíes 2014 (garnacha con algo de morenillo y otras variedades locales) con ocho meses de crianza en barrica de roble francés y dos en tinos.
Color picota de capa media-baja, ribete granate.
En nariz aparece mucha fruta roja madura, también balsámicos, especias y lácteos. Frescura.
En boca persiste lo expresado en nariz, con presencia de pimienta y mineralidad. Carnoso y goloso. Retrogusto medio.
Costó unos correctos 11 €.
Sí, pero esperaba más. Es un buen vino, indudablemente, y es fácil de beber pero no pasará a ocupar un lugar hegemónico en mi memoria.


martes, 2 de agosto de 2016

Pruno 2014


El preferido de Parker:
-Pruno 2014 (D.O. Ribera del Duero), tempranillo y un 10% de cabernet sauvignon con 12 meses en roble francés de grano fino.
Color rojo picota de capa alta, ribete violáceo.
En nariz presenta fruta roja en sazón, torrefactos, especias y monte bajo. Mucha expresividad.
En boca se muestra goloso y armonioso, con buena acidez. Persiste fruta roja, también cacao y especias. Muy rico, pero algo de botella le irá bien. Retrogusto largo.
Costó unos 11 €, un regalo.
No soy yo un fiel de Parker, pero tampoco soy un contrario. No creo que sea este el mejor vino del mundo en cuanto a calidad-precio, pero es un gran vino. Vayamos a lo importante, es un buen ejemplo de gran producto a buen precio.
Que vengan muchos...